jueves, 19 de noviembre de 2009

Geografía Argentina – Economía

El territorio y las actividades económicas

Las actividades económicas son  aquellas que se orientan a la producción, la circulación y el consumo de bienes y servicios. Estas actividades suelen clasificarse en primarias, secundarias y terciarias.
El sector primario (producción de materias primas) comprende la agricultura, la ganadería, la silvicultura, la pesca, la caza y la minería.
El sector secundario (de transformación), incluye a la industria, la construcción y la transformación de energía.
El sector terciario abarca la actividad comercial, el transporte y los servicios en general.

De las actividades comprendidas en los tres sectores, las que tienen una relación más estrecha con las condiciones naturales del territorio son las primarias: no todos los vegetales pueden cultivarse en todos los climas, y tampoco existen yacimientos minerales en cualquier lugar, por dar solo dos ejemplos. Sin embargo, esta característica no implica que las condiciones naturales determinen de manera absoluta la localización de las actividades primarias. En un desierto, por ejemplo, puede resultar imposible cultivar bajo las condiciones naturales; sin embargo, mediante una gran inversión, podrían instalarse sistemas de riego que transformasen el área en una zona potencialmente agrícola. La situación, en cambio, no es idéntica para el caso de la minería, ya que donde no existen yacimientos no es posible crearlos. Sin embargo, si existiese un yacimiento ubicado de modo que su explotación resultase antieconómica, estaríamos frente a un caso similar al anterior.
En conclusión, si bien las actividades primarias presentan una importante relación con las condiciones naturales, no es posible analizarlas solo desde ese punto de vista. Es necesario considerar también las condiciones económicas en relación con lo territorial.

Actividades primarias

Además de ser las principales actividades primarias de la Argentina, la agricultura y la ganadería están íntimamente relacionadas. No solo porque muchas explotaciones agropecuarias destinan su superficie alternativamente a una y otra actividad, sino porque muchas veces el ganado se alimenta de vegetales que han sido cultivados (forrajeras). En este último caso, agricultura y ganadería forman parte de un mismo proceso productivo que tiene como propósito final la producción ganadera.
Tanto la agricultura como la ganadería comparten la característica de ser actividades económicas muy dependientes de las condiciones climáticas. Si bien en algunos casos –como el de los cultivos bajo cubierta o el de la cría de ganado a galpón- esa dependencia se atenúa en gran medida, la mayor parte de la ganadería y agricultura argentina se realiza con técnicas relativamente tradicionales, por lo que registra una gran dependencia con respecto a las condiciones climáticas reinantes. Es precisamente esta característica la que determina que los cultivos no se produzcan en cualquier área del país: la soja, por ejemplo, comenzó a difundirse en el área pampeana para luego ser incorporada en el Nordeste y en el Noroeste de nuestro país; recién en los últimos años (2007) se logró introducirla en la Patagonia (bajo riego).

Los principales cultivos de la Argentina

Los diez cultivos más importantes para la configuración de los diversos ámbitos agrarios de nuestro país son: soja, trigo, girasol, maíz, vid, caña de azúcar, algodón, tomate, manzana y yerba mate. Estos cultivos se distribuyen sobre diferentes áreas de nuestro país.

-soja (Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires)
-trigo (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe)
-girasol (Buenos Aires, Córdoba, Chaco)
-maíz (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe)
-vid (Mendoza, San Juan, La Rioja)
-caña de azúcar (Tucumán, Jujuy, Salta)
-algodón (Chaco, Formosa)
-tomate (Mendoza, Río Negro, Salta) también en Bs. As., Sgo. del Estero, Sta. Fe, Jujuy y San Juan
-manzana (Río Negro, Mendoza, Neuquén)
-yerba mate (Misiones, Corrientes)

La soja , se introdujo en la década del ’70 y presentó un fuerte crecimiento durante la década del ’80. La soja, el trigo, el girasol y el maíz, que son cultivos del área pampeana, tienen gran peso dentro de las exportaciones argentina y en el consumo interno; pero los otros cultivos son también de gran importancia, porque son la base de las economías regionales.
La vid tienen una fuerte incidencia en la economía cuyana, la caña de azúcar en el NOA, el algodón y la yerba mate en el NEA, y la manzana en la Patagonia, más precisamente en el Alto Valle del río Negro.

Las condiciones de la producción agropecuaria

En las últimas décadas se ha acelerado en nuestro país la difusión de una serie de innovaciones tecnológicas que modificaron sustancialmente el trabajo agrícola. Tanto las maquinarias (cosechadoras, sembradoras, etc.), como los agroquímicos (fertilizantes, herbicidas, insecticidas, etc.) comenzaron a transformarse en elementos cada vez más frecuentes en el campo argentino.
No todos los productores agropecuarios pueden acceder por igual a estas innovaciones: mientras que algunos pueden incrementar el volumen producido realizando una mayor inversión en innovaciones tecnológicas, otros no pueden acceder a ellas y, muchas veces, terminan por retirarse de la producción. Tanto el descenso del número de productores como el menor requerimiento de mano de obra que resulta de estas innovaciones contribuyen al despoblamiento del campo.










                            
                            
                            
La cría del ganado

La cría del ganado también  toma diferentes formas y las especies que se crían varían según la zona que se considere. En la Pampa se cría, sobre todo, ganado vacuno, mientras que en la Patagonia pastan la mayor cantidad de ovejas del país. Sin embargo, los orígenes de estas especializaciones regionales se encuentran fuertemente vinculados entre sí: cuando la Patagonia fue incorporada como parte del territorio argentino (hecho que ocurrió a fines del siglo XIX), las ovejas que se criaban en la provincia de Buenos Aires cedieron su lugar a los vacunos (cuya carne se podía exportar a Europa a raíz del desarrollo del frigorífico) para asentarse en la recientemente conquistada Patagonia. Allí el clima era más duro y la oferta de pasturas mucho menor que en la Pampa, pero las ovejas se adaptaron a este medio.
Los caprinos por su parte son los que mejor se adaptan a los medios más hostiles (como los montañosos) y  junto con los camélidos, son utilizados en prácticas ganaderas marginales, con técnicas ancestrales como las migraciones estacionales (trashumancia).

La ganadería ovina, ocupa escasa mano de obra permanente, pero incorpora “comparsas de esquiladores” durante la esquila, estos recorren  la Patagonia de Oeste a Este, realizando su trabajo. Este tipo de ganadería, enfrenta actualmente una dura crisis social y ambiental, y muchos de los tradicionales productores han abandonado la empresa agropecuaria.





                             
La pesca

En la Argentina, la actividad pesquera realizada en aguas marinas es mucho más importante que la que se lleva a cabo en aguas dulces. De lo obtenido en el mar, la mayor parte corresponde a la pesca propiamente dicha, mientras que el resto corresponde a la captura de mariscos.
A partir de la década del ’90, se incrementa la actividad pesquera, provocando problemas socioeconómicos y ambientales.
En 1994, Argentina firmó un acuerdo con la Unión Europea, por medio del cual los buques que operan en alta mar y procesan allí el pescado obtenido, incrementaron enormemente su participación  en la pesca efectuada en el Mar Argentino.

Los buques costeros son los que tradicionalmente han llevado a cabo la mayor parte de la actividad pesquera, proveyendo de fuentes de trabajo a muchas familias y dando vida a puertos, como el de Mar del Plata, a los que los pescadores debían regresar cada anochecer para partir en la mañana siguiente.
A diferencia de los anteriores, los grandes buques congeladores pueden pasar meses en alta mar y regresar con el producto terminado (esto es, el pescado listo para comercializar). No permiten actividades conexas, en tierra; y además sus volúmenes de pesca, ponen en riesgo  de extinción a diversas especies, ya que las capturas sobrepasan largamente lo recomendable, teniendo en cuenta un manejo sustentable del recurso.

La silvicultura

Los bosques nativos de la Argentina se presentan en dos áreas claramente diferenciadas: la subtropical del norte (selva misionera, en la meseta misionera, y las yungas sobre las Sierras Subandinas) y la fría del sur (el bosque húmedo templado frío sobre la cordillera de las Andes). Las primeras son alimentadas por la humedad transportada por la masa de aire del Atlántico y la segunda por la que llega desde el Pacífico.
Además, en una época existía, entre la Pampa y la Cordillera, una amplia franja dominada por el monte, que fue desapareciendo ya que su madera fue utilizada primeramente como leña para la calefacción y más adelante, como combustible para el ferrocarril.
La actividad forestal no se restringe solo a la explotación de bosques nativos, en algunos casos protegidos, sobre todo en la Patagonia; sino a la explotación de madera de las forestaciones.
En Misiones, las forestaciones que empresas privadas han realizado allí han dado lugar al desarrollo de sistemas integrados de silvicultura y producción de celulosa y de papel. Las grandes empresas que se dedican a este tipo de producción no solo trabajan con el producto de sus propias forestaciones, sino que también adquieren madera a pequeños y medianos productores. No obstante, a estos igual se les hace muy difícil sobrevivir, y como en todos los rubros existe una tendencia a la desaparición de las pequeñas empresas.
Otra área con una superficie forestada importante es el delta del Paraná, donde crecen salicáceas (álamos y sauces).
Argentina no alcanza a cubrir sus necesidades en el consumo de madera y debe recurrir a la importación.

La actividad minera


A diferencia de varios de sus vecinos latinoamericanos, la Argentina no se destaca por su producción minera. El hecho de que el principal rubro dentro de la producción minera nacional esté representado por las rocas de aplicación –explotadas, en su mayor parte, en la provincia de Buenos Aires- muestra la ausencia de una actividad minera nacional centrada en la explotación de minerales metalíferos.

Los productos de la minería se clasifican en minerales metalíferos (como el oro y la plata), minerales no metalíferos (como los boratos y la sal común) y rocas de aplicación (las utilizadas para la construcción y para la industria de materiales de construcción).

CHUBUT: ESQUEL Y LA CONSULTA POPULAR CONTRA LA DEVASTACIÓN. 23 MAR 2008

Oro negro, el lado oscuro del boom minero
Hoy se cumplen cinco años de la consulta popular que en Esquel frenó la instalación de una mina de oro. A pesar de ese revés, la actividad siguió en continuo crecimiento. Con los precios del oro y otros metales por las nubes, las exportaciones del sector alcanzaron en 2007 un récord histórico. Pero sólo una ínfima parte de esa riqueza queda en el país. Lo que sí puede quedar es la devastación del medio ambiente, en especial el del recurso que será clave en este siglo: el agua

El 23 de marzo de 2003, el 81% de la comunidad de Esquel votó por el NO al proyecto de la canadiense Meridian Gold, que pretendía instalar una mina de oro en esa localidad chubutense. Fue la primera gran batalla de una guerra de largo aliento que tiene dos bandos bien definidos.
De un lado, las megamineras de capitales mayoritariamente extranjeros que buscan explotar la enorme riqueza mineral argentina. Del otro, las organizaciones vecinales y ambientalistas que resisten la actividad y denuncian que, si no se hace nada para dete-nerlas, las megamineras arrasarán con la cordillera y contaminarán lo que los científicos consideran como el bien estratégico fundamental del siglo XXI: el agua.
Cinco años después de la histórica consulta popular esquelina, las dos facciones han ganado fuerza. Las exportaciones del sector se triplicaron y alcanzaron en 2007 un récord histórico de U$S 2.802 millones, y los proyectos mineros pasaron de 55 en 2003 a más de 300 en la actualidad.
Pero también ha crecido la resistencia: desde Abra Pampa, en el norte de Jujuy, hasta Los Antiguos, en la provincia de Santa Cruz, son 73 las comunidades que, siguiendo el ejemplo pionero de Esquel, se han organizado para resistir lo que consi-deran un saqueamiento tanto económico como ambiental.
Negocio redondo
Los cimientos del llamado “boom minero argentino” hay que buscarlos en la década menemista. En 1990 y a partir de una propuesta del Banco Mundial, el Gobierno impulsó la aprobación de leyes que no sólo le otorgaron a las multinacionales mineras un régimen fiscal increíblemente beneficioso (ver La ganga), sino que también les garantizó la inhibición total para emprender la explotación de yacimientos del Estado argentino, que está obligado a cederlos a privadas.
La paredes del boom se erigieron en el nuevo milenio, con el aumento de los precios internacionales de los mi-nerales. El oro, que en marzo de 2003 se cotizaba en U$S 350 la onza, actualmente ronda los U$S 920. Sólo en 2007, la plata y el cobre duplicaron su valor. Pero únicamente unas migajas de esa riqueza quedan en el país.
El mineral que se extrae no es procesado en Argentina. Las empresas envían a sus casas matrices el barro que sacan de las minas, y luego de 60 días notifican por declaración jurada qué tipo y cantidades de minerales encontraron. Asimismo, hasta la modificación -pequeña- introducida hace tres meses, el 100% de las divisas obtenidas las podían liquidar en el extranjero. “El mineral sale, y el dinero también. A eso no se le puede llamar exportación, es servidumbre colonial. Estamos como antes de 1810”, afirma Alejandro Corbelleto, de los Vecinos Autoconvocados de Esquel.
Naturaleza en riesgo
“En los próximos años, el agua tendrá más valor que el oro”. La profética frase pertenece a Fernando Mestre, profesor de la Universidad de La Rioja que investiga el impacto del cambio climático. No es una exageración: los más importantes científicos del mundo afirman que, si las guerras del siglo XX fueron por el petróleo, las de éste serán por el agua.
Y allí es donde la actividad de las megamineras puede causar un impacto devastador, ya que requieren grandes cantidades de este líquido para separar los metales de la roca. Para poner un ejemplo, Bajo La Alumbrera, en Catamarca (la mina más grande en funcionamiento y también la más cuestionada), utiliza 100 millones de litros de agua diarios.
El método que se usa en los grandes proyectos que se desarrollan o planean en Argentina es el conocido como “a cielo abierto”. Los minerales ya no se consiguen como en las viejas minas, cavando túneles subterráneos a fuerza de pico y pala, sino que se realizan volando con dinamita rocas de la superficie de la montaña.
Para obtener un gramo de oro, se necesitan remover y destruir entre 5 y 10 toneladas de suelo. En el caso de La Alumbrera, los once años que lleva la explotación han dejado un cráter de 1.900 metros de diámetro y 450 de profundidad en medio de la cordillera.
Las rocas desprendidas se colocan luego en una “pileta química” para la separación de los minerales. En este proceso se suele utilizar cianuro, que permite formar complejos y estabilizar el oro en las soluciones.
Para obtener 6 kilos de oro, es necesaria una tonelada de esta sustancia altamente nociva para cualquier organismo vivo. Si se piensa sólo en lo que piensa extraer la mina Veladero, que funciona desde 2005 en San Juan, la cifra da escalofríos: 13 mi-llones de onzas de oro, lo que equivale a 368 toneladas, para lo que será necesario usar 61 toneladas de cianuro.
“La lixiviación con cianuro es altamente contaminante, pero no es la única fuente de contaminación que produce la minería a cielo abierto”, aclara el ambientalista José Jorge Aldecoa, autor de los libros El problema minero argentino (2004) y El impacto de la mega minería (2006).
“Cuando las grandes cantidades de roca que contienen minerales sulfatados son excavadas, estos materiales reaccionan con el aire o con el agua para crear ácido sulfúrico. El llamado drenaje ácido de la minería puede aniquilar la vida acuática de los ríos y arroyos cercanos, y volver el agua prácticamente inservible”, afirma.
“Y, como ésta, hay decenas de agresiones al medio ambiente y a la comunidad derivadas de la actividad minera”.
Un camino posible
En las condiciones actuales, no parecen estar muy errados los vecinos y ambientalistas que resisten contra la instalación de las megamineras, al definir la actividad no sólo como perjudicial para el medio ambiente, sino también como un saqueo liso y llano de los bienes naturales no renovables del país.
Con el marco legal que quedó como herencia del menemismo, el Estado capta una mínima parte de la renta minera. Según un estudio publicado por el Instituto de Estudios Fiscales y Económicos (IEFE) en enero de 2006, las grandes corporaciones “se apropiaron del 89,2% de la renta promedio generada por la actividad en los últimos seis años, contra el 10,8% que quedó en manos del Estado”.
Y los puestos de trabajo creados son relativamente pocos si se los compara con las ganancias obtenidas. En 2005, las 37 empresas de minas, petróleo y gas que integran el panel de las 500 mayores de Argentina ganaron 15.632 millones de pesos, a un costo laboral total de 1.928 millones. Esta relación 8 a 1 -ocho pesos de beneficio por cada peso de salario- fue en promedio 1 a 1 para las empresas de los demás sectores.
Los mismos números de la dirección Nacional de Minería ratifican este fenómeno. Entre 2003 y 2006, el capital invertido por las mineras aumentó un 491% y la cantidad de proyectos se quintuplicó. Los empleos directos generados, en cambio, sólo subieron un 54%.
¿Qué se puede hacer? Quizá no sea necesario tomar posturas fundamenta-listas y abogar por la prohibición de la minería. Pero sí hay que pensar, y urgente, en un nuevo modelo para que la enorme riqueza metalífera del país no sea saqueada y, encima, dejando un pasivo ambiental que se sufrirá durante varias generaciones.
Es necesaria otra legislación, y un método extractivo ecológicamente apto, que permita desarrollar una minería sustentable, sin la rentabilidad exigida por las transnacionales.
Es posible recuperar los recursos metalíferos. Con más de U$S 50.000 de reservas en el Banco Central, no es difícil reemplazar los 8.000 millones de dólares que las megamineras dicen van a invertir en el país. Falta la decisión política. Antes de que sea demasiado tarde.
23 MAR 2008
FUENTE: (BS.AS.)  DIARIOHOY.NET  CHUBUT  ARGENTINA




Las actividades secundarias (industrias)
La industria es una importante fuente de trabajo y la decadencia de la actividad industrial en un país provoca, entre otras consecuencias, la disminución del número de puestos de trabajo y, por lo tanto, el aumento del número de desocupados. Muchas veces, esta situación da lugar a que las personas que perdieron sus empleos busquen reinsertarse en el mercado laboral por medio de la prestación de servicios para los cuales no se necesita una gran inversión de dinero: elaboración de comidas y reparto a domicilio, transporte mediante remises y taxis, sistemas de mensajería, etc.

En las últimas décadas, un fluctuante crecimiento industrial se concentró en determinados sectores y tipos de empresas, particularmente las grandes. Las ramas más dinámicas del sector secundario corresponden, en general, a ciertas agroindustrias de bienes con escasa elaboración y bajo valor agregado, como el petróleo, el aluminio o el acero.
Las grandes empresas, que son las que se encuentran en mejor posición para incorporar tecnología, aumentan su productividad y reducen la necesidad de mano de obra. Son las pequeñas y medianas empresas las que ocupan el mayor número de mano y locales industriales. Estas son también las más afectadas por las políticas económicas liberales, que llevan a una escasa intervención del Estado.

Las empresas que dominan la economía argentina, se dedican sobre todo a la exportación de su producción (el mercado interno es pequeño y con escaso poder adquisitivo). Las que lideran el sector exportador, suelen formar parte de grandes grupos de capital nacional y/o extranjero, muy integrados y diversificados.
El término integrados, se refiere a empresas y grupos empresarios que se insertan en distintas ramas y/o sectores de la economía sumando diferentes fases de un proceso productivo (por ejemplo, una empresa agropecuaria dedicada a la producción de uva podría integrar la elaboración y la comercialización de vinos).
Diversificados, se refiere a empresas y grupos empresarios que se insertan en distintas ramas o sectores de la economía cuya actividad no se relaciona con un mismo proceso productivo (por ejemplo, una empresa automotriz que también produce alimentos).

Algunas grandes empresas derivaron hacia otras –por lo general menores- ciertas actividades que anteriormente se realizaban en el interior de las platas: por ejemplo, el servicio de comedor para los empleados, que fue reemplazado por sistemas contratados, o los cadetes, que se sustituyeron por servicios de mensajerías que prestan otras empresas. Este proceso se denomina terciarización o tercerización de las actividades.

La localización de la industria

La industria argentina se desarrolló a partir de 1930 a través del proceso de sustitución de las importaciones (ISI). Por ello se localizó en el puerto de Buenos Aires, que era el lugar de abastecimiento de maquinarias, materia prima y también de mano de obra y combustible proveniente del exterior.
Además, Buenos Aires concentraba el mayor mercado consumidor del país y era el centro de las redes de transporte terrestre, fluvial y marítimo.

Son varios los factores que estimulan la localización de las fábricas en un área determinada: por ejemplo, la provisión de una red adecuada de servicios y sistemas de comunicación, la proximidad de medios de transporte y vías de acceso que permitan la llegada de materias primas y la salida de la producción, la existencia de mano de obra y de un potencial mercado para colocar los productos, etc. Por estos motivos, en líneas generales, las industrias han tendido a concentrarse en los centros urbanos más importantes.

En ciertos casos, el emplazamiento de las industrias se vincula a la cercanía de las materias primas. En el caso de las plantas que procesan productos primarios, la cercanía de las áreas productoras de materias primas agrícolas o forestales constituye el principal factor de localización, ya sea para evitar elevados costos de transporte o por la escasa durabilidad de las materias primas. Esto sucede, por ejemplo, con el tabaco en Salta, Jujuy y Misiones, con el algodón en el Chaco, con la vid en Mendoza y San Juan, con las peras y las manzanas en el Alto Valle del río Negro, con el limón y la caña de azúcar en Tucumán y con la explotación forestal para la producción de papel en Misiones.

En la Argentina, el Área Metropolitana de Buenos Aires y las principales ciudades de las provincias de Córdoba y Santa Fe son las zonas que concentraron históricamente el mayor número de industrias. Allí fueron desarrollándose distintas ramas, como la textil, la metalúrgica (obtención y elaboración industrial de los metales), la metalmecánica, la siderúrgica (extracción, fundición y obtención de aleaciones a partir del hierro, como el acero), la química y la petroquímica, la farmacéutica, las manufacturas del papel y del cuero y diversas industrias alimentarias, entre otras.
En estas áreas se procesan tanto materias primas provenientes del entorno (carnes, semillas, oleaginosas), como de otros puntos del país (por ejemplo, se elaborar cigarrillos a partir del tabaco proveniente de las provincias norteñas).
El cordón industrial que se extiende a lo largo de los ríos Paraná y Río de la Plata, aproximadamente desde la localidad de San Lorenzo (en Santa Fe) hasta el Gran La Plata (en Buenos Aires) hasta el Gran La Plata (en Buenos Aires), constituye una de las zonas de mayor actividad en escala nacional; dentro de ella se incluye el AMBA.

Transformación y transporte de energía

En la Argentina, el parque generador de energía eléctrica está conformado por distintos equipos distribuidos por todo el país. Según el recurso que utilizan, estos equipos se clasifican en: térmicos fósiles, nucleares, hidráulicos y eólicos (estos últimos son muy escasos).
El Sistema Interconectado Nacional optimiza la distribución de la energía generada, pues permite trasladar los excedentes a zonas deficitarias del país (conecta las diversas centrales, que utilizan distintos recursos). A su vez, el país también importa y exporta excedentes energéticos desde y hacia los países limítrofes.
La mayor parte de la energía de nuestro país se genera en las centrales térmicas, después siguen las centrales hidroeléctricas y finalmente las centrales  nucleares. La energía eólica es muy limitada, solo se utiliza a nivel de pequeñas localidades.
La energía térmica se basa en el uso de combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo o el gas. A pesar de que estos recursos son baratos y fáciles de transportar, tienen la desventaja de ser no renovables y altamente contaminantes.

Algunas de las centrales hidroeléctricas más importantes del país son. Yacyretá sobre el río Paraná, compartida con el Paraguay, y Salto Grande, sobre el río Uruguay, compartida con el país homónimo. También se destacan las que se encuentran emplazadas sobre el río Neuquén (Cerros Colorados) y el Limay (El Chocón, Piedra del Águila, Pichí Picún Leufú y Alicurá).

La Argentina cuenta con dos centrales nucleares en funcionamiento. Atucha I comenzó su actividad en 1974 y se encuentra en el partido de Zárate, provincia de Bs. As. Casi una década más tarde se inauguró la central Embalse Río III, en Córdoba. También está en construcción la central Atucha II, en el mismo predio que Atucha I.


Los servicios

Después de la aplicación de las políticas económicas liberales de la década del ’90, muchas empresas del sector terciario se encuentran privatizadas; como las prestadoras de servicios de red (electricidad, gas, agua potable y telefonía), de servicios de transporte (líneas ferroviarias, subterráneos, empresas aéreas, puertos, aeropuertos e infraestructura vial); también canales de televisión y bancos.
Son monopolios u oligopolios que se desempeñan en mercados protegidos, con una fuerte base territorial, por ejemplo, un usuario domiciliario no puede elegir a qué empresa privatizada le comprará el agua potable o la energía eléctrica que consumirá; o una sola empresa telefónica presta servicios en determinada área por un tiempo determinado, una sola empresa de distribución de electricidad está habilitada para servir determinado sector de la ciudad, etc.
Gran parte de la inversión en los sectores privatizados estuvo en manos de capitales extranjeros entre los que se destacan los provenientes de los Estados Unidos, España, Italia, Chile, Francia, Canadá y Gran Bretaña. Por lo general, los adjudicatarios incorporaron cambios en la gestión y modernizaron los equipos y el sistema administrativo, lo que mejoró la calidad de muchos servicios.

La circulación

A partir de la década del ’90, las inversiones en el sistema de transporte argentino, con capitales privados y públicos, buscaron lograr un sistema multimodal para el transporte de cargas. Este sistema intenta vincular a las distintas redes de transporte (vial, ferroviaria, aérea, naviera) de manera que se reduzcan el tiempo y los costos de traslado. El sistema multimodal se desarrolló con celeridad a partir de la introducción de contenedores que facilitan el transporte de productos.
A lo largo de la década del ’90, el Estado se retiró de gran parte de la prestación de servicios de transporte, para dejar paso a los inversores privados. Se privatizaron entonces empresas como Aerolíneas Argentinas, Ferrocarriles Argentinos y Empresa Líneas Marítimas Argentinas, y se otorgaron en concesión distintos puertos, ramales ferroviarios, subterráneos, aeropuertos y tramos de la red vial.

El transporte ferroviario

La construcción de la red ferroviaria comenzó en la segunda mitad del siglo XIX, y se llevó adelante con capitales privados, nacionales y extranjeros, y la participación del Estado. El ferrocarril constituyó un factor central en la ocupación del territorio y el desarrollo económico del país, debido entre otras cosas, a la ausencia de caminos. También ligó a la Argentina a la tecnología inglesa, lo que a la larga fue contraproducente.
El tendido de la red siguió una estructura radial o de abanico, cuyo centro más importante estaba en la Capital Federal, ya que, en función del modelo económico agroexportador, se buscaba conectar las zonas agrícola-ganaderas con los puertos, en particular Buenos Aires.
Luego de la SGM, la influencia regional de EE.UU, hizo que los ferrocarriles perdieran importancia, frente al transporte automotor.
La privatizaciones de las últimas décadas, se centraron en las áreas más rentables (área pampeana y AMBA), los restantes ramales pasaron a manos de las provincias que, en algunos casos, no pudieron hacerse cargo de su mantenimiento y los dejaron en desuso. A raíz de este hecho, ciertas zonas del país han quedado prácticamente aisladas.

Subterráneos de Buenos Aires

Actualmente concesionados.
La Argentina fue uno de los primeros países con sistema de subterráneos, su inauguración tuvo lugar en 1913.
Los subterráneos constituyen un medio rápido y seguro para trasladarse por la ciudad, evitando las frecuentes congestiones de tránsito.

Las rutas argentinas

Recién en 1950 la red vial desplaza al ferrocarril como principal medio de transporte de cargas y pasajeros.
Desde la década del ’30 se constituye la Dirección Nacional de Vialidad y se generan impuestos nacionales y provinciales para financiar obras viales y su mantenimiento. Esta época fue decisiva para la estructuración de la red vial nacional.
Durante muchos años, la planificación, la construcción y el mantenimiento de las carreteras estuvieron en manos del Estado, y la circulación por ellas era gratuita. La participación del capital privado solo se limitaba a la realización de ciertas obras. A partir de la década del ’70 comienza la privatización del sistema, con la concesión de los primeros peajes. Alcanzó su máximo grado en la década del ’90. Uno de los mayores problemas que esto presenta, es que en nuestro país, no existen vías alternativas adecuadas, afectando a los usuarios que no pueden afrontar los gastos de peaje o no están dispuestos a hacerlo.

Las rutas troncales son las que registran el flujo más importante de vehículos, ya que vinculan a los principales centros urbanos. Existen además, rutas secundarias y rutas locales. Entre las numerosas rutas nacionales, se pueden mencionar la N° 40, que atraviesa el país de norte a sur, la N° 9 (Panamericana) que comunica con Bolivia, la ruta N°3, que permite la comunicación con las provincias del sur del país, y la ruta N°7, a través de la cual es posible llegar hasta Chile. Algunas de las principales ciudades del país se vinculan a través de vías rápidas, como la autopista Buenos Aires-La Plata y Buenos Aires-Rosario.









                       
                       













                         



Las telecomunicaciones

En las últimas décadas, las telecomunicaciones experimentaron un desarrollo explosivo. En 1993, comenzó a funcionar un sistema satelital para telefonía, televisión y radiodifusión que posibilitó que localidades emplazadas en lugares antes inaccesibles accedieran al teléfono y a la televisión. También permitió la transmisión de canales de otros países vía cable.
El servicio telefónico se privatizó en 1990, y la telefonía celular logró instalarse en el mercado de las comunicaciones.
Desde hace unos cuarenta años, existen además cooperativas telefónicas que operan en distintos puntos del país. Estas organizaciones surgieron en áreas del país que eran consideradas poco rentables para la empresa estatal ENTEL, que monopolizaba el mercado telefónico en esa época. Muchas de ellas agregan otros servicios básicos para la comunidad, como la electricidad urbana y rural, redes de gas, etc.